viernes, 8 de mayo de 2015

¿Recuerdas los monstruos?

<<Intento expresarlo, pero algo me lo impide. Tengo miedo, miedo de la sentir de nuevo ese dolor. No debería volver a intentarlo, ni siquiera debería pensarlo, pero aquí estoy con la mente llena de estos pensamientos ¿Seré idiota?>> pensó Darren al salir de casa.

  Caminó tranquilo por la acera, observando a los transeúntes que se le cruzaban. Su camino estaba ya decidido, no necesitaba de señales, ni mapas. Él conocía perfectamente su destino, y parecía tan acostumbrado a ese camino que ni siquiera necesitaba poner atención por donde iba, sus pies le guiaban. Al pasar por una tienda decidió comprar una soda, pues el día estaba bastante caluroso. Siguió el rumbo, y una sonrisa de dibujo en su rostro cuando sus ojos se posaron sobre la puerta de un edificio que él conocía muy bien. Sin mayor demora cogió sus llaves he ingreso en el lugar, al entrar decidió ignorar el ascensor. Siempre había preferido las escaleras, por lo que subió tras un suave tatareo, pues no pudo evitar recordar una canción. Subió exactamente 6 pisos, no era un edificio muy alto y su arquitectura clásica siempre había fascinado a Darren. Cogió una vez más sus llaves y abrió la puerta del departamento 606. Al entrar escucho música, y comenzó a reír al notar que la canción que se podía oír coincidía con la que había estado tatareando.

   Recorrió la sala, miro los cuadros y libros que habían en él, tomó uno de los libros y escribió en la primera pagina las palabras; “¿Escuchas los sonidos del reloj? El tic tac es muy similar al corazón” Luego siguió con la inspección de la habitación, y una vez que se sintió satisfecho se paro frente a la puerta del dormitorio. Del otro lado podían oírse algunos gemidos. Darren lo dudo solo un segundo, pero la sonrisa no se borro de su rostro. Con mucha calma giró el pomo de la puerta e irrumpió en ella. Dentro encontró a una pareja desnuda entre las sabanas de la cama, la mujer al verlo se sobresaltó.

-Sorpresa, he venido a saludar –Exclamó Darren con una sonrisa –Este lugar está demasiado iluminado, me desagrada. Los vecinos de los otros edificios podrían verles.

-¿Darren? ¿Qué estás haciendo aquí? Tú…. ¿Por qué? –Dijo la mujer cubriéndose la desnudez con una sabana, lo miraba atemorizada y con los ojos empapados en lagrimas.

-Carín, ¿Por qué te sorprende? Ya te lo he dicho ¿No? He venido a saludar, compre las flores que te gustan, cariño –Dijo Darren con calma.

-Darren yo puedo explicártelo, pero no lo entenderías, nunca me has entendido… yo… –Dijo Carín con tartamudeos y sollozos.

-Al parecer yo le doy más satisfacción a tu pequeña muñeca en la cama que tú, solo lárgate –Dijo el hombre que se hallaba junto a Carín.

-Puede ser, puede no ser, depende de gustos –Respondió Darren tras un suspiro –Pero podría unirme, tal vez ambos aprendamos algo.

-Darren… ¿Te has vuelto loco? Vete, hablaremos después –Grito Carín, tenía la cara empapada de lagrimas y lucia realmente aterrada.

-Pues que comience el juego –Dijo Darren y una perturbadora sonrisa fue la que esta vez apareció en su rostro.

-Estás loco, lárgate o te saco a patadas –Gritó el hombre y se abalanzó sobre Darren, quién esquivó el golpe y lo tomo por el cuello inyectándole la aguja de una jeringa que contenía un extraño líquido.

-Darren, dios mío, ¿Esta muerto? –Grito Carín y se arrodillo junto al hombre.

-¿Muerto? Por Dios Carín, claro que no, no sería divertido. Bien este lugar no me gusta como esta, hay que limpiarlo, no podre dormir en estas sabanas ensuciadas por este maldito bastardo. Realmente sería asqueroso ¿No crees?

-Darren, no tenías que hacer esto. Tú lo sabías, ¿Verdad? Lo nuestro… -Pero Carín fue interrumpida por Darren quien le puso una mano sobre la boca y la miró fríamente.

-Carín si vuelvo a oír tu voz no tendré más remedio que arrancarte la lengua, así que cariño no me tientes –Entonces la soltó y Carín lo miró llena de pánico-Continuando dime Carín ¿Qué es lo que más te gustaba de este hombre?

 Darren tomo al hombre y lo colocó sobre la cama, lo examinó pensativo, después de un rato se dirigió a una caja que había sobre una repisa y de ella sacó un estuche negro. Al abrirlo contenía una cantidad de cuchillos de cirujano. Acercó uno de los cuchillos al rostro del hombre y comenzó a realizar cortes sobre su rostro. Carín por su parte aterrada, intentó escapar de la habitación en busca de su celular, pero lo encontró sumergido en un vaso de agua. Entonces intentó abrir la puerta del departamento pero esta estaba cerrada y por más que miró por todas partes no encontró las llaves. Gritó desesperada pero su voz parecía silenciarse con los estruendos de las calles, además recordó que en el piso 6 de este edificio todos los departamentos de alrededor estaban vacios.

-Sabes que escogí este lugar por su tranquilidad, no hay vecinos, y en los pisos inferiores solo viven un par de ancianos bastante sordos o personas que pasan todo el día fuera de casa. Así que puedes hacer todo el ruido que quieras, nadie puede oírnos amor.

-Estás loco maldito bastardo, hijo de perra. Déjame salir de este puto lugar, ¿Qué mierda piensas hacer loco de mierda?

-Un vocabulario bastante vulgar para una mujer… supongo que sí, supongo que ya es parte de ti. Digo, ahora que te has vuelto una maldita prostituta, lo vulgar te queda.

-Sabes que lo nuestro no iba a funcionar, somos diferentes Darren ¡Déjame ir por favor!

-Mira ha quedado muy bien, lo he arreglado no te parece, pensaba arrancarle los ojos pero si lo hiciera no podría ver la maravilla que he creado –Dijo Darren con una sonrisa y admirando el rostro del hombre que estaba completamente desfigurado. Le faltaba una oreja y un pedazo de nariz. Sus labios estaban completamente destrozados. Las partes que habían sido cortados fueron unidas nuevamente a través de costuras bastante imprudentes y sin cuidado, por lo que la cara había quedado totalmente irreconocible.  

-¿Qué mierda le has hecho? Basta por favor, detén esta locura, Darren. Te juro que te denunciaré, te quitaran tu licencia de medico porque eres un maldito enfermo de mierda.
-Basta de escándalos, yo solo estoy haciéndote un favor Carín, quiero que seas feliz y esta es la prueba perfecta, obsérvalo.

Carín se abalanzó sobre Darren, quien la  detuvo al instante al sostenerla  por los brazos y la arrojo sobre la cama. Se puso sobre ella, afirmando con fuerza sus muñecas la miró y seriamente le dijo:

-Quisiste ser la princesa de un castillo imaginario, jugaste a ser la dulce y frágil, pero te enamoraste del villano. Así que decidiste buscar al príncipe, ¿Verdad? Pues la cruel realidad es esta, el encantador príncipe tras caída la noche se ha trasformado en un monstruoso ser. ¿Podrás seguir amándolo? Aún bajo la mirada de un rostro desfigurado ¿Interesante no lo crees? Yo quiero saber cómo termina esta historia, ¿Cuéntame si vivieron felices para siempre?

 Entonces Darren soltó a Carín, quien estaba paralizada. Su mirada se congeló, y su voz pareció apagarse. Darren pareció realmente satisfecho, y se encaminó hacia la puerta.

-Realmente me gusta este lugar, es el creador de los cuentos de hadas más fascinantes, y hablo de los verdaderos cuentos. Así que te pediré que construyas tu pequeño reino en otro lugar, espero puedas irte antes de mañana –Dijo Darren al pie de la puerta con una dulce sonrisa mientras miraba a Carín que aún parecía congelada, como si el tiempo se hubiese detenido.

Cerró la puerta del apartamento y de camino por el pasillo hacia las escaleras hizo una mueca de asco, entonces se olfateo la camisa, y agitó la cabeza en forma de negación.

-Creo que me costará quitar este olor a puta, supongo que siempre puedo comprar otra camisa.



Por Meg Holmes Kuroba

  “¿Escuchas los sonidos del reloj? El tic tac es muy similar al corazón” 


sábado, 5 de abril de 2014

Melodía entretejida



Dulce, dulce mazmorra que ha resguardado los recuerdos de quien se creía olvidado. Su llanto nadie pudo oír, ni sus lagrimas ver. El dolor fue su único compañero. Frío se siente su corazón. ¿Quién ha olvidado a tan pequeña criatura? Su cuerpo se desvanece, sus lagrimas se secan y sus pensamientos han abandonan la cordura. Su corazón comienza ha congelarse provocando que el dolor desaparezca de a poco. Sonríe, sonríe solo una vez más, solo así podrás calentar tu espíritu. Pequeña criatura tu alma atada al infierno está. Levántate, camina mientras el suelo de carmesí se teñirá. La festividades van a comenzar, el espectáculo te espera.


  El bosque susurra las historias que en el habitan, se escuchan cada vez más cerca. La voz del viento hace a los arboles hablar para transmitir el escalofriante mensaje, el que nadie logra escuchar. Al igual que una pequeña hoja que recorre la aldea en compás al viento, se ignorará. La naturaleza como único testigo trata de advertir a la aldea del peligro que poco a poco la envuelve. Ignorantes del suceso los aldeanos trabajan arduamente para el espectacular completar. Nadie ha de imaginarse que de carmesí se decorará. Suena la música que ha todos hace bailar, sin notar los hilos que en sus muñecas ya se han de enganchar. Marionetas bailen, marionetas canten que su ignorancia a su fin los llevará. Apresurarse que el espectáculo ha de comenzar. Las personas de la aldea impacientes están, no han de imaginar que en las estrellas se convertirán. Juegos, licor, comida, bailes y mucha diversión. Sonríen y ríen, la dulce melodía de la felicidad. ¿Por que han de escapar? No hay miedo, ni dolor. Después de tanto esperar el payaso ha aparecido, se ha colocado en el escenario y con sus trucos la atención acaparará. No hay razón para que el pequeño niño lloré. Todos son felices.

  Caminando por el bosque, impaciente está, la diversión aguarda. ¡Esto será divertido! Los latidos aceleran, el caparazón de hielo se derrite. Esto es lo que necesitaba, una alegría para su olvidado corazón. Sigue el rumbo que el pueblo haz de encontrar, luces lo hacen brillan, las risas lo hacen hablar. Solo un poco más. Un poco más y la diversión ha de empezar.

  El pequeño ha comenzado a llorar. Su llanto la música no puede opacar. Las muñecas comenzaron a bailar, no te sorprendas, el espectáculo inició. Impactados, asustados, borrando sus estúpidas sonrisas del rostro. Las cuerdas que sus brazos sujetaban han comenzado a moverse, ahora están en el poder de alguien más. Pequeñas criaturas patéticas bailen al compás de la nueva melodía que ha comenzado a sonar, resistirse es inútil, sus almas condenadas al infierno pudrirán sus cuerpos. Gritos de dolor son la canción favorita del único espectador. Lloren, las lágrimas no pagan el precio. Intenten huir, que la desesperación es la puerta más próxima a la muerte. Bailen un poco más porque al espectador no se quiere aburrir. Carmesí es su color favorito y esta noche todos han de vestir ese color. Ayuda a tu compañero a vestir que las prendas listas están. Nadie debe desentonar, de otro no pueden vestir, que el destino así lo ha deseado. Sus miembros desgarren, pero no pierdan la visión de tan sublime espectáculo. Sientan el dolor y la soledad de la oscuridad porque nadie los abrazará. Su corazones no han sido poseídos, el demonio no esta allí, sus cuerpos han decidido bailar a voluntad aquella pieza que creían haber olvidado. Ni dios, ni demonios, solo humanos danzan esta noche.

  Se ha reservado un espacio especial para él. En la estrella principal se convertirá. ¿Quieres bailar? Príncipe que alguna vez sonrió con amabilidad. Su corazón lleno de bondad parecía estar, pero no resulto ser mas que mentiras. La mascará se desintegra desvaneciendo su sonrisa para siempre. Envuelve tu cuerpo de dolor, torturalo, deja que penetre el corazón. Empatiza, ven a jugar, siente el sufrimiento y la angustia de no poder escapar. Llora hasta que tus lagrimas en cenizas se conviertan. El fuego del mismo infierno ha de quemar tu cuerpo, reduciéndolo tu existencia a un recuerdo que nadie evocará. El amor no te salvará, porque se ha desvanecido y no regresará.

  Todos han de olvidar lo que en esta aldea ocurrió, pues su existencia se dudará. En el mapa no la haz de encontrar y el nombre de las memorias se borrará, porque las cenizas de su presencia por el bosque dispersas quedarán. No fue un monstruo, ni un demonio. Solo un humano creado por aquellos que la olvidaron. Abandonada, enjuicia sin culpa, su inocente existencia quisieron deshacer. ¿Quién ha olvidado a tan pequeña criatura? Su sonrisa es la única salvación para descongelar su corazón, con la ayuda de aquella melodía que solo en el infierno parece crear ha logrado a todos hacer bailar.



Por Meg Holmes Kuroba



[La derrota no es una opción. No los olvides.]



martes, 18 de junio de 2013

Otra taza ¡Por favor! y sin azúcar.

La ciudad estaba cubierta por una manta blanca. Las personas transitaban rápidamente probablemente con la intención de regresar pronto a sus hogares. El frío era insoportable. Alfred se alegró de estar en su hogar. Un pequeño apartamento en el centro de la ciudad. Con una taza de café en la mano observaba atento por la ventana. Siempre le gusto la ubicación de aquel lugar, porque le permitía una vista a la calle principal. Gran cantidad de autos y personas transitando de aquí para allá. Las luces de la ciudad iluminando su ventana. De cierta manera le agrada esa compañía. La nieve cayendo suavemente  le daba un toque encantador al paisaje.  


-¡Diablos! ¿Son casi las 10?  Será mejor que termine mi trabajo.

Alfred se dedicaba a escribir artículos para una prestigiosa revista. Por lo general se enfocaba en temas turísticos. Amaba su trabajo porque lo mantenía gran parte del tiempo recorriendo diversos lugares y el estar fuera de casa era exactamente lo que necesitaba en esos momentos.

-¡Que frio! Definitivamente necesito otra taza de café.

Al servir la taza se dirigió nuevamente a la ventana. Casi se le cae el café. No podía dar créditos a lo que veían sus ojos. Corrió hasta una mesita y depositando la taza sobre ella volvió rápidamente a la ventana. Busco incesantemente con la mirada, pero no hayo lo que esperaba.

-Es imposible. ¡Dios! Quizás solo estoy cansado. No, no es posible. No, de ninguna manera. Eso no ocurriría…Y si fuese cierto…. ¿Por qué…? No, no, no tiene ningún sentido –Balbuceó. Tras un paseo por la habitación se sentó junto a la pequeña estufa. – ¡Imposible! –Continuó diciendo. Se levantó bruscamente y buscó su móvil. Registró el historial de llamadas. Luego los mensajes. Dejó el móvil a un lado. Regresó a su asiento y allí se quedó pensativo.  El timbre sonó y Alfred se sobresaltó.

-¡No puede ser! Esto es sencillamente imposible –Dijo levantándose rápidamente. Se dirigió a la puerta y miró por la mirilla. Un escalofrió le recorrió el cuerpo. Se deslizó hasta el suelo. Se quedó sentado con la espalda apoyada en la puerta. Las manos le temblaban. “y ¿Ahora qué?” Pensó. El timbre volvió a sonar. Se restregó la cara con las manos. Se colocó de pie y estiró lentamente la mano al pomo de la puerta.

-¿Al? ¿Estás en casa? – Gritó del otro lado de la puerta la voz de una mujer.

Alfred respiró hondo y abrió la puerta. Se encontró cara a cara con una muchacha de mediana estatura. Cabello oscuro, el cual llevaba recogido.

-¿Qué haces aquí? –Preguntó un poco tímido.
-Vine a ver como estabas Al.
-Pasa. Hace un frio espantoso.
-Al. ¿Cómo has estado? Nos me has llamado. Ni me has contestado los mensajes. ¿Pasa algo?
La muchacha se acomodó en el sofá junto a la chimenea. Una vez allí enfocó la mirada en Alfred.
-He estado ocupado. Ya sabes, el trabajo Marian –Respondió Alfred con la vista clavada en la ventana. “Entonces si fue cierto lo que vi” Pensó.
-Espero te haya ido bien –Dijo Marian sonriendo y agregó –Sé que han pasado cosas entre nosotros, y yo aún…
-¿Café? –Exclamó Alfred interrumpiéndola.
-Claro –Respondió desconcertada –Por cierto, te traje algo.

 La chica saco de su bolso una caja con una cinta sobre ella. Se la entregó y a cambió recibió el café que él le traía.

-Son chocolates rellenos. Y tienen unas formas adorables. Me parecieron demasiado tiernos así que decidí traerlos de regalo. ¡Vamos come uno!
Alfred depositó la caja sobre la mesita y se inclinó sobre la chica. La miró atentamente y ella sonrojo. Él acercó lentamente los labios a los de ellas.
-Al, yo no puedo hacer esto… Porque… porque yo… -Dijo apartando la cara.
-Lo sé, no estas segura de lo que sientes ¿Verdad? – Exclamó sentadose en el sofá colocado frente al de ella –Es decir… ¿Qué esperaba realmente? Siempre es la misma respuesta.
-Al, perdona, de verdad, créeme que no quiero hacerte esto, pero necesito más tiempo para pensarlo –Protestó mirándole fijamente.
-Marian, yo te hubiese besado, pero sabes ¿Por qué? No porque creo que eres sexi o hermosa o ese montón de babosadas que usan de pretexto los hombres para besar. Lo hubiese hecho porque lo siento acá –Dijo con una mano colocada sobre su pecho –Yo puedo sentir cosas. Cosas importantes. Esto… ¡Esto es real!, sin dudas ni misterios. Además tampoco es la mera excitación de una aventura con una chica que solo me parece genial.
-¡Alfred! ¿Cómo puedes decirme eso? ¿Crees que te mentí?  ¡Mi corazón también latía por ti!
-¿Latía? Eso es pasado mi querida. ¿El amor puede volverse casi transparente que te permitió apuñalarme sin culpa alguna?
-¿Crees que no lo siento?  ¿Crees que no me arrepiento de lo que hice?
-Pues quizás después de verme la cara te acordaste que tenías a alguien y te vino la culpa. Antes pareció que no te importa, porque si no hubieses dicho que no y ya.
-¡No seas tan duro conmigo! ¡Estaba confundida con mis sentimientos! Aún lo estoy.
-¿Confundida? ¿Te confundiste de pareja? ¿Qué se te olvido el rostro de tu novio?

Marian no respondió. Rompió en llanto y se cubrió la cara con las manos. Alfred la miró. Le dolía cada palabra que exclamaba al igual que las que oía, pero tenía que ser fuerte y luchar contra el impulso de consolarla.  

-Yo no quise hacerlo… Fui una estúpida… Perdona, créeme… yo aún siento cosas por tí –Dijo la muchacha entre sollozos.
-Marian, cálmate –Le ofreció un pañuelo el cual ella aceptó. Alfred continuó diciendo: Te pondré en una situación hipotética; Tienes una pequeña suma de dinero, lo suficiente para viajar a algún lugar. El problema es que solo te alcanza para disfrutar plenamente  de un destino. Estas entre dos y no logras decidirte por uno. Ambos tienen sus ventajas y desventajas. Ambos son igual de atractivos, pero a uno de ellos ya lo has visitado con anterioridad por lo que decides probar con el nuevo destino. Al llegar a ya, lo disfrutas pero te arrepientes un poco porque igual querías ir al otro lugar. Por lo que escatimas gastos y deciden viajar al otro. Con el poco dinero no puedes disfrutar gratamente de ninguno de los dos. Te frustras y regresas a casa. Vuelves a recolectar dinero y decides irte a vivir a uno de los dos lugares y ahora sí disfrutarlo a sus anchas, la pregunta es ¿A cuál? Quieres ambos, pero es evidente que tu casa solo podrá estar en uno. ¿A cuál escoger? ¿Al que conoces más o al que te falto más por descubrir? Y ¿Si luego te arrepientes de tu decisión? Te tomas muchísimo tiempo solo para aplazar la decisión, y luego piensas ¿Por qué no vivir en uno y en el otro construir una casa de verano? Pero surge otra pregunta ¿Cuál será cuál? Y bien Marian, ¿Qué eliges?
-¿Qué estas tratando de hacer?
-Lamento el ejemplo tan influenciado por mi trabajo, pero ese no es el punto. ¿Y bien?
-Yo no sé lo que quiero. Al, te estoy haciendo demasiado daño. No deberías amarme. No merezco que me ames, perdóname.
-Es algo que no puedes cambiar. Te amo y te amaré siempre. Al menos así lo siento. Porque yo si estoy seguro. Marian, cuando amas a alguien estás dispuesto a todo. Si no fuese así créeme que no estarías sentada en ese sofá. Tengo que soportar ver tu cara y recordar a cada instante lo mucho que me gustas.
-Perdóname, por favor, perdóname. –Respondió Marian y su llanto regresó.
-Y tú me apuñalaste. No bastándote me bateaste por caer. ¡Dios Marian! ¿Eso no puede ser amor sincero? ¡Qué demonios estoy pensando! No sé por qué aún recibo tus llamadas y me alegro por tus mensajes.  No fui lo suficientemente bueno para ti. ¿Qué me hace mantener la esperanza? ¿Y pensar que ahora seré bueno para ti y para siempre?

El silencio inundó la habitación. Marian secaba sus lágrimas. Alfred miraba por la ventana, no deseaba cruzar mirada con ella. Le dolía. Sentía como una parte de él se quejaba de dolor, gritaba y nadie la escuchaba. Nadie la ayudaba, porque nadie sabía cómo apaciguar su dolor. Un móvil comenzó a sonar. No era el suyo, si no el de Marian.

-No hace falta que pregunte ¿Verdad? –Exclamó Alfred.
- Al, déjame pensarlo, por favor. Es lo único que te pido. Tiempo –Suplicó Marian con los ojos llenos de lágrimas.
-Marian. Tómame por lo más cursi y que sé yo, pero realmente creía… si, ¡Creía! En el verdadero amor. Como en los cuentos de hadas, pero rompiste con todo eso. Pensé que eras diferente a las demás chicas. No pretendo compararte, pero realmente creí que serias honesta conmigo. Qué no harías las cosas de esta forma. Tal vez tengo un poco de culpa. Quizás te descuide, no lo sé. No soy precisamente el príncipe azul, pero pensé que nos apoyaríamos. No que me golpearías de esta manera por fallar.
-Yo sé que cometí el error más grande mi vida, pero no te quiero lejos de mí ahora.
-Marian, ¿Tengo que esperar a ver si todavía te quedan gastar de estar con ese otro imbécil? –Gritó Alfred, estaba perdiendo el control – ¿Eso quieres que espere? ¿A ver si te acuerdas de lo que alguna vez sentiste y vuelves conmigo? –Alfred se acercó a ella y le susurró: ¡Tic, tac! ¡Tic, tac! ¿Oyes eso? Es el sonido del tiempo que se acaba.

Dicho esto se recostó sobre el sofá. Con la vista en el techo agregó: ¡Ah! Y tampoco creas que seguiremos jugando a los amigos. Así que, por favor, vete. Solo vete.  

Marian no dijo ninguna palabra. Tomo sus cosas y se marchó. Unos minutos más tarde Alfred la vio subir a un taxi en la calle principal. Pasado un largo rato observando a través del cristal decidió preparar más café. Fue entonces cuando notó la caja de chocolates junto al café que Marian no se había servido. Pensó en todas las cosas que habían vivido juntos y una lágrima resbaló por su mejilla.  La secó y se posicionó frente a la laptop.  Tras pensarlo se decidió y comenzó a escribir su artículo. Lo tituló: “Como escoger el destino adecuado”.


By Meg Holmes Kuroba

jueves, 13 de junio de 2013

Fragmento de "Proyecto RM"


Un pequeño fragmento de una historia que tengo en mente. 

[Parte del primer capitulo] 

El jugueteo incesable de sus dedos denotaba su ansiedad. No podía esperar. El muchacho que yacía sentado en un pequeño sofá acomodado en la salita de espera se colocó de pie. Impaciente se acercó al mostrador. 
-Ya no puedo esperar, me largo –Exclamó el muchacho. Sus ojos azules se posaron penetrantes y firmes sobre la mujer rubia que aguardaba al otro lado del mostrador.

-Le ruego que espere Sr. Mitchell. La doctora no tarda. Además usted llego diez minutos antes de lo acordado, es normal que espere- Le respondió amablemente la mujer.
-Llegué antes porque quiero acabar pronto con esta inútil sección, pero me doy cuenta que no la necesito, nada puede cambiar lo que soy, y llámeme Rick, gracias –Respondió el joven. Sonrió y alzó la mano en señal de despedida.
-Sr. Mitchell, regresé por favor –Gritó la recepcionista, pero fue en vano, el muchacho no hizo el menor esfuerzo en volver.

 Rick presionó el botón del ascensor mientras pensaba: “¿Quién necesita a una puta psicóloga? Nadie cambiará esto, jamás”. Subió al ascensor y clavó la mirada en su reflejo producto de los espejos montados en las paredes. “Tú creaste esto, así que no pretendas que cambie” pensó. Llevaba el cabello desmarañado y la ropa desarreglada. Desde aquel día no se había preocupado en como lucir o que vestir.  Al salir a la calle un hombre chocó contra él. “¡Atrapalo porfavor!” Gritó una mujer a lo lejos. Rick reaccionó tomo al hombre por el brazo, le golpeo el estómago con un punta pie y lo hizo caer al suelo. 

-¡Me ha robado! Por favor que me devuelva el bolso, mis cosas –Gritaba la mujer desesperada.
-¡Hijo de puta! Maldita escoria. No tienes idea las ganas que tengo de masacrar a las ratas como tú que dejan su asqueroso olor por donde quiera que van –Exclamó Rick mientras le agarraba del cuello. Con sus dos manos comenzó a estrangular al hombre.  Presionó con tal fuerza que los ojos del hombre estaban desorbitados y su cara enrojecida. El sujeto trató de liberarse pero era inútil.
-Tranquilo muchacho, ya viene la policía, no hagas algo innecesario –Dijo uno de los guardias del edificio del cual acaba de salir. Rick obedeció a regañadientes. 

 “Maldito pedazo de basura, tan frágil, tan vulnerable” Pensó mirando con odio al hombre que tocia de rodillas en la acera. “¿De verdad permites que sigan con vida? Y ¿A mí no me permites la suerte que ellos no quieren?” Dijo Rick lanzando una mirada al cielo.

-Gracias, de verdad, eres muy hábil y amable –Dijo la mujer que había pedido su ayuda.
Rick no respondió. La observó atentamente. Era muy atractiva. De estatura media, delgada, mejillas coloradas, cabello oscuro, el cual llevaba sujetado con una cola . Sus ojos eran expresivos de un tono pardo.

-¿Te invito un café? –Continuó diciendo la muchacha con una sonrisa en el rostro.
-Debes esperar a que llegue la policía, probablemente te hará preguntas. –Respondió fríamente Mitchell.
-No tardaré –Le guiño un ojo con coquetería y se encaminó hacia al oficial que llegaba al lugar.
“¡Demonios! ¿Qué diablos pretenderá esta mujer? Debería marcharme… sin embargo, podría intentarlo, ¿Esto lo que quieres?” Fueron las palabras que pasaron por su mente mientras su mirada se posaba en la muchacha que hablaba animadamente con el oficial. La chica le devolvió la mirada con una dulce sonrisa. Dio gracias al agente y volvió con un dulce tabaleo hacia Rick.

-¿Vamos por el café?  -Preguntó la muchacha.
-Me has dejado sin alternativas -Dijo encogiéndose de hombros. 

Caminaron por la acera. La conversación se tornó a temas sin relevancia. Llegaron a la cafetería donde continuaron su charla. Rick se limitó a contar su ocupación y algunos pasatiempos. Después del café decidieron hacer un paseo por el parque.

-Me gusta el frió, estar abrigada como un oso. Aunque el clima me coloca algo nostálgica.
Rick le contesto con una sonrisa. No deseaba animar más la conversación, estaba cansado. Observó a su alrededor y notó la poca cantidad de personas que circulaba alrededor. Entonces fue cuando tomó la decisión. Sujetó a la muchacha por el brazo y la empujó contra un enorme árbol. La miró un par de segundos y la besó. La chica enrojeció pero correspondió el beso. Soltó a la muchacha y se llevo una mano al pecho. Nada. Aquello no le produjo ninguna sensación.

-¿Quieres ir a mi casa? Vivo cerca –Le dijo en tono de susurro.
-Pues me gustaría –Respondió la joven algo avergonzada.

Tomaron un taxi. Llegaron al pequeño apartamento de Rick. Dentro del lugar Rick le ofreció cortésmente un trago a su invitada. Luego la besó y acarició.

-Quítate la ropa y lúcete para mí –Ordenó sentándose al pie de la cama.

La muchacha obedeció. Se quitó sus prendas en conjunto a un baile sensual. Le sonreía coquetamente y le acariciaba el cabello de vez en cuando. Rick se colocó de pie. Se paseo por la habitación pensativo. La chica lo miró sin entender. 

-¿Qué sucede? ¿No te sientes listo? -Preguntó con dulzura. 
-No eres más que otra maldita puta –Exclamó Rick tras un fuerte suspiró –Que lastima que haya tantas como tú.
-¡¿Qué demonios te pasa?! ¿Cómo osas a llamarme puta cuando fuiste tú quien me invitó hasta acá? –Gritó furiosa la muchacha. Recogió su ropa y se vistió rápidamente.
-Ni siquiera me costó convencerte de venir aquí, ¿Acabas de conocerme y ya puedo verte los senos? –Respondió Rick con una risa burlona -¿Qué más quieres que diga? ¡Eres una completa puta! Y ¡Gratis!
-¡Loco de mierda! ¿Por qué te burlas de mí maldito infeliz? ¡Jodete! –Exclamó la mujer lanzándole una lámpara que se rompió al contacto con la pared.

Rick permaneció tranquilo. Caminó lentamente hacia la cocina. Tomó una taza con la intención de preparar un poco de café. La muchacha en su lugar buscaba sus cosas, con lágrimas en los ojos le dirigió una mirada de odio.

-¿Qué clases de enfermo eres?
-No olvides tu bolso, está encima de… ¡Vaya! Me costará quitar el olor de tu perfume –Contesto Rick con una agradable sonrisa -¿Aún sigues aquí?

La mujer rompió en llanto. Cogió su bolso y cerró la puerta de un portazo.  Rick bebió tranquilamente su taza de café y encendió la laptop.

-No me estoy burlando de nadie –Dijo tranquilamente –Solo no pensaba acostarme con una mujer tan fácil y fui sincero ¿Cuál es el problema de ser sincero?

Una triste melodía de violín inundó el cuarto.  Era el celular de Rick que sonaba. Verificó el numero con una mirada de rencor en el rostro.

-¡Que llamada más detestable! – Gruño. Contestó de malas ganas -¿Diga?... ¡Al diablo! Iré  –Cortó. Lanzando el móvil al sofá se alisto para salir. Al llegar al cuarto recogió los restos de la lampara. Se hizo una pequeña cortada en el dedo con uno de los trozos. Rick observó atentamente como la sangre recorría su dedo. 
-Al menos pude quedarme con esto. -Musitó y una sonrisa complaciente se dibujo en su rostro. -Será un hermoso espectáculo. ¡Oh, ya lo creo! Será magnificó.

Abandonó el departamento con un cierto regocijo. 


[Fin del fragmento]


By Meg Holmes Kuroba

martes, 14 de mayo de 2013

Espejismo de invierno

Mientras él imaginaba ser el presidente de una poderosa compañía  Yo alucinaba con ser la guerrera de un lejano reino. Él quería ganar dinero y representar poder. Yo solo quería ser respetada por mi valentía y habilidad con la espada. Él soñaba con destruir a su competencia en los negocios. Yo con vencer a criaturas legendarias. Él anhelaba... No lo sabe. Antes sí, ahora ya no. Ha logrado conseguir todo lo que siempre deseo y llegar a lo más alto. No queda más. Se siente vació  Mientras el ganaba millones pisoteando a sus amigos y enemigos, yo aprendí a soñar, a creer e imaginar. Todas sus compañías nocturnas resultan ser vacías  sin esperanzas, ni sueños. Solo juegan por diversión. No hablan, ni escuchan, son como muñecas. Yo en cambio poseo un pequeño y humilde departamento en el centro. En donde comparto un café con quién me hace reír con cada historia, y presta atención a mis habladurías  Él duerme para descansar de los números. Yo para soñar.

Es Navidad .Nos cruzamos en la calle, no me notó. Él estaba cargado de papeles y no paraba de hablar por el móvil. Yo disfrutaba ver las vitrinas de las tiendas mientras recorría tranquilamente la acera de la mano de mi novio. Él para navidad le regalo a su prometida un fino collar de diamantes, ella corrió a presumirlo con sus amigas, y otra pulsera finísima a su amante. Yo no recibí joyas, ni costosos accesorios. Solo un hermoso cuadro. No era un Picasso ni un Dalí, se trataba de un autor desconocido. Quién, trazó, pintó y enmarcó pensando en una sola persona, yo. En la pintura se vislumbraba la figura de una guerrera luchando contra el demonio de la corrupción, el odio, la envidia y la venganza.

by Meg Holmes Kuroba

lunes, 13 de mayo de 2013

Mi propia oscuridad

  Pese a que mis manos se hayan impregnadas de sangre, esto no sacia mi sed. ¿No es suficiente? ¿Necesito más? No estoy muy seguro si se trata de cantidad, porque creo que busco algo que no conozco. Mi propia oscuridad es un amigo sin rostro. Existe. Se aferra a mí. Pero es tan solo una silueta. Se transforma en un monstruo el cual no sé qué come, por tanto, no puedo alimentarlo.  He pasado mis últimas semanas tratando de averiguarlo, pero no logro dar con la respuesta acertada. He probado un par de cosas, sin éxito.

  4 abril. Hallamos otro cuerpo. Le arrancaron los ojos. Tenía una apariencia asquerosa.   Semanas en descomposición. Se trataba de una mujer. Probablemente una prostituta.  Al parecer, la amarraron a la cama, le proporcionaron varios cortes leves en cada extremidad del cuerpo. Es el trabajo de un profesional. Puedo afirmarlo debido a los cortes limpios y bien producidos. No me sorprendería que se hallase otro cuerpo en similares circunstancias. Considero que se trata de una especie de ritual. Velas alrededor de la habitación,  dibujos y excéntricas pinturas la decoraban. ¿Arte? ¿Brujería? ¿Magia negra? Sea lo que fuese,  es absurdo.

 El alma, los espíritus, y toda esa banda de fantasías, para mí no son más que un montón de elementos sacadas de cuentos de hadas, y novelas fantásticas.  ¿Qué pretenden contando esas insensatas e inverosímiles historias a los niños? Adornarles la vida con arcoíris. ¡Que tonterías! Los ciegan de cómo es realmente el mundo.

 Quizás mi oscuridad es más fuerte e indomable, porque cuando niño no tuve la oportunidad de bombardearla con arcoíris. Todo siempre fue negro.  Existen personas que lograr dominar esa oscuridad. Pues para mí, ya se volvió un aliado al cual no puedo rechazar, de hacerlo terminaría consumiéndome y poseyéndome.

 Por supuesto, que es un secreto. Debo colocar cara de póker frente a las personas. Mimetizarme y adaptarme. Porque seguramente nadie lo aceptaría. En este sentido me encuentro solo. Es mejor de este modo. Los sentimientos puede ser un arma letal de doble filo. Como ser humano, me encuentro limitado. No debo limitarme aún más creándome debilidades.  La vida como un lobo solitario es más sencilla, porque solo dependes de ti.

 Evidentemente no soy único, sé que existen muchas personas en condiciones similares. Seria egoísta decir que no las hay. Hasta me atrevería afirmar que todos llevamos esa oscuridad dentro. Como una caja de Pandora. Cerrada con cientos de candados. Esperando al momento para desatarse. A lo largo de la vida encontramos un par de llaves, abrimos algunos candados, dejando salir pequeñas partes del verdadero monstruo. Pero son solo algunas circunstancias que nos dan las llaves necesarias para abrir por completo la caja de desastre.

  Cuando el monstruo se libera nunca más regresa a su escondite. Hambriento y enojado. Desata su odio. Al menos yo creo que jamás desaparecerá. Su apetito es insaciable o tal vez yo no he sabido con que llenarlo. Quizás pase la vida entera intentando descubrirlo, sin éxito. No lo sé. De lo único que puedo estar seguro es de su presencia. Transformo mi vida, y mi forma de vivirla. No puedo imaginar otra forma de desenvolverme en el mundo. Lo primordial es, que permanezca oculto para que no lo atrapen.



By Meg Holmes Kuroba