La mano con
la cual sostenía el revolver le temblaba. Su voz se quebraba con cada palabra.
Sus ojos llenos de odio no le quitaban la mirada de encima.
- -Tranquila,
podemos dialogar.
- -Di
una palabra más y te vuelo los sesos, bastardo.

- - ¡Amor
mio! ¿Qué crees que haces con esa arma? No es digno de una princesa. Déjala en
la mesa y conversemos. No cometas una locura.
- -¿Esperas
que lloré? ¿Que corra lejos de aquí? Porque mi príncipe ira detrás de mí. Para
decirme que todo es un mal entendido.
-Pues
es un malentendido ciertamente.
- -Es
un malentendido verte en la cama con una puta sirvienta. ¿Crees que soy
estúpida?